Primer offline documental

 

Miguel y Hebe están casados hace casi 70 años. Eso quiere decir que están juntos desde que tenían 20. Miguel es un legendario fanático de los autos antiguos, corredor de carreras interminables, eterno explorador de motores y de chásis. Hebe, desde siempre, su copiloto, su cuidadora, devota de los niñxs y de su familia, decide en un momento comenzar a filmar, con su cámara super 8, sus viajes por el mundo.

Estos son mis bisabuelos. Dos personas que vivieron mil aventuras en la mejor época de su vida, aventuras que a mí me complace sacar de los armarios en que las guardan, en que el polvo las cubre del olvido, del oblivion. Quiero que recuerden, y con ellos, poder recuperar estas historias sin importancia real para muchos, pero que para mí significan un documento histórico sobre momentos que pasaron solos, ellos dos.

La idea del documental es generar un relato que acompañe dos momentos: el ahora, el día en que los visito y los obligo a prender el viejo proyector y ver; y el entonces, los largos viajes en auto en que la abuela miraba por el visor de la cámara los paisajes que ya no existen como tales, congelados en cinta de 16mm.

Parcial domiciliario

Raymond Depardon, Chile 1971 

Fotógrafo: Raymond Depardon

Sin título. Chile, 1971

Denotación

Lo que la imagen denota (lo que alguna vez fue real, el analogón) es a dos niñas, suponemos que chilenas, vestidas de ropas tejidas color amarillo, comiendo helado frente a una vivienda humilde. En la puerta de la casa cuelga la imagen (parece una ilustración) de la cara del Che Guevara, en una muy conocida postal. En el fondo de la imagen, fuera de foco y a la derecha, se encuentra un tercer niño o niña. Los zapatos de las niñas de amarillo están algo sucios. Sus cachetes, rosados.

Procedimientos de connotación:

El segundo sentido del mensaje fotográfico

 

Pose

No sabemos en qué medida esta foto fue planificada y esta pose, forzada. En lo que a mí respecta, la pose resulta natural, propia de cualquier niño. No parecen estar conscientes de la presencia de la cámara, y se ven concentradas en su helado. Lo extraño es el esperar frente a la puerta de la casa, apuntando sus cuerpos en la misma dirección. Algo esperan u observan, alguien las llamó o alguien las vigila. Quizás sucede algo interesante ahí afuera, que no quisieron observar desde la ventana. Quizás es mejor comer el helado afuera, para no ensuciar el piso dentro. No se las ve muy preocupadas por mancharse la ropa, sobre todo a la niña de la izquierda, que devora su helado de palito con fruición, aunque con la mirada atenta a su izquierda y a lo lejos.

La imagen del Che contiene una pose. La mirada convencida y el rostro iluminado y bien demarcado recuerda a algunas imágenes pintadas de Jesús, respetando una serie de reglas iconográficas para la representación clásica del héroe, del salvador. El claroscuro recorta a la figura y enmarca el rostro, la inconfundible gorra, y el pelo largo. ¿Hacia qué mira el Che? Posiblemente hacia la luz de la revolución, dirán.

 

Objetos (o pose de los objetos)

Hay pocos objetos en esta foto, y queda claro que uno de ellos es el central: nuevamente la imagen del Che Guevara. El tamaño de la imagen en relación con la puerta sobre la que cuelga nos habla sobre su magnitud idolátrica, lo que significa para la familia o las personas que conviven bajo ese techo. Sabiendo la fecha en que se tomó la foto, a cuatro años de su muerte, es posible que la casa de las niñas no fuera la única con su foto colgada. Pintada a mano, es prueba viviente de una dedicación especial y de una necesidad de su presencia esperanzadora.

Hay una especie de pileta al costado, en que quizás se lavan las ropas, o las manos. La puerta está compuesta de muchas tablas de madera clara, el techo es de chapa. La convergencia de estos materiales habla sobre todo del nivel económico de los habitantes de la casa, de su posible ubicación en la periferia de alguna ciudad chilena, o en el campo profundo, donde se asientan aquellos que se caen del sistema. Sobre esto mismo, las ropas, probablemente hechas a mano por alguna abuela o madre habilidosa, y los zapatitos desgastado y sucios de barro, podrían pasar por aspectos comunes tanto de niños de ciudad como de niños de campo, pero en contexto, se entiende que están relacionados con una carencia y no con una cuestión estilística.

Fotogenia

En Ensayos sobre la fotografía, Beceyro nota que el concepto de fotogenia en Barthes está fuertemente basado en lo cultural, y que su definición es ambigua. Quizás la fotogenia, en cuanto a la “imagen embellecida” y como proceso de connotación, esté presente en aquellas imágenes con una intención previa al momento de captura, en que el fotógrafo prepara la escena, o elige el encuadre de una cierta manera para favorecer la transmisión de una sensación o concepto. Sobre la imagen de Depardon, podemos decir que el encuadre vertical puede haber sido buscado con el fin de mostrar a las niñas de cuerpo entero, en toda su expresión y su vestimenta, incluyendo la foto del Che y algo de la casa del fondo. Hay un doble reencuadre: las niñas están enmarcadas por el marco de la puerta, y la tercera figura del fondo, por la ventana y una pared más lejana, a la derecha. La foto no parece tener presencia de luz artificial, más bien aparenta haber sido tomada durante un día nublado. La idea de lo nublado y gris connota en sí misma, quizás, los tiempos oscuros de la política chilena durante los años 70, y el incierto porvenir de la clase obrera en la época. El amarillo vibrante de los conjuntos de las niñas es el valor de luminosidad más alto en la imagen. Si quisiéramos, podríamos otorgarle la carga emocional de la esperanza en las nuevas generaciones. El aire por encima de sus cabezas, además, les otorga espacio para crecer y un aire de adultez y seriedad. Están solas, pero ellas pueden solas.

 

Esteticismo

Según Beceyro, el esteticismo de Barthes tiene que ver con las referencias culturales obtenidas de otras artes presentes en la fotografía, sobre todo aquellas que vienen de la pintura. Considero que hay algo de la pintura clásica en el encuadre vertical, representando a las niñas de cuerpo entero, como si se tratara de las hijas de un noble europeo. El vestuario es propio de la época, al igual que los peinados, y no remite a otro medio gráfico, salvo quizá a las ilustraciones de revistas de moda.

 

Sintaxis interna de la imagen

En mi opinión, la pobreza es algo que un niño no debería experimentar jamás. Es algo que ni un adulto puede comprender muchas veces, ya que sus motivos reales muchas veces están ocultos a los ojos del carenciado y son parte de un plan mayor que tiene alguien externo, la mano invisible, si se quiere. Por esto para mí, la sintaxis de la imagen es alotópica. La niñez, los pantaloncitos de lana y los zapatos blancos, pertenecen a un universo de inocencia muy cuidado; a sueños extraños y monstruos todavía poco desarrollados, miedos pequeños y fáciles de vencer. La vivienda precaria, la rotura en el pantalón amarillo de la niña con vincha blanca, son irrupciones en estos sueños, son miedos demasiado enormes y difíciles de suprimir. Los rostros concentrados, el helado, la satisfacción del helado de palito, que es igual de emocionante para cualquier niño (y adulto joven), contrastan con los ideales de la revolución cubana, con la necesidad de la lucha armada para garantizar la liberación de los pueblos latinoamericanos, la ideología comunista, el neoliberalismo y las dictaduras militares. La madera, los clavos, su unión, fruto del trabajo de manos cansadas y de una necesidad urgente de un techo, el que sea, contrapone la dureza a la suavidad de la lana amarilla, los cachetes colorados y los brillantes ojos morenos de dos niñas; sus zapatos blancos, tan delicados, ensuciados por el barro.

Pareciera que los dos grandes temas en colisión son las preocupaciones adultas y las preocupaciones infantiles, relacionadas íntimamente, ya que una se inscribe en la otra, pero a la vez separadas muchas veces por la una dificultad propia del lenguaje de comunicar a los niños los asuntos de grandes, y de comunicar a los grandes los asuntos de niños. Sin embargo, en esa casa conviven ambos, sin aparente conexión, unos en conjuntos de lana, otras en íconos de papel.

Millenials al borde de un ataque de nervios

Título

Millenials al borde de un ataque de nervios

Tema

La alienación.

Idea temática

El ritmo de vida en que estamos inmersos nos desconecta y nos desconcierta, nos aliena.

Idea narrativa

De estos personajes me rodeo. Yo soy estos personajes. Nacimos en los noventa. Aprendimos a caminar en medio de una crisis mundial, y fuimos a la primaria durante una crisis nacional, una de las más grandes jamás vividas. No nos acordamos más que de algunos detalles; el chupetín que no podíamos comprarnos; cuando papá perdió su trabajo, cuando hubo que mudarse. También cuando pudimos comprarnos el departamento, o cuando pudimos irnos de viaje a Europa, cuando 1 dólar era 1 peso.

Queda grabada en alguna parte de nuestro cuerpo la frustración del inicio de una nueva era. Empezó, quizás, con la tele y el chupete convirtiéndose en equivalentes, seguidos por el celular que no teníamos, el que sí teníamos, la red social que usamos por primera vez. Nuestra primera foto de perfil, el primer mensaje de un desconocido. Cuántos likes merecían nuestras caras, en nuestra mejor época; cuántos amigos tuvimos, cuántos seguimos teniendo. No, no jugábamos en la calle, ni teníamos juguetes de madera. Somos el plástico y la pantalla, y le estamos buscando el sentido.

Somos grandes, pero criticamos a los más chicos por hacer lo mismo que nosotros hacíamos, o por hacerlo mejor. Añoramos una adolescencia que fue corta, y nos golpeó. Tomamos, fumamos, y nos olvidamos. No queremos compromisos. Ardemos con intensidad para después desmayarnos los domingos, y por eso se nos ve en los ojos el cansancio y una ligera confusión. No sabemos si amamos, o si el amor existe.

Algunos dirán que pensamos menos, ahora que miramos el celular todo el tiempo. Yo creo que en ese acto estamos calculando constantemente lo que valemos, quiénes somos, cómo nos vemos. Una mirada que nunca se despega del espejo. Y así, de tanto cuestionarnos, nos vamos perdiendo. Cada vez entendemos menos, y cada vez nos cuesta más ser. Somos observados y registrados, el foco de toda publicidad, de todo empresario sediento. Somos objeto de deseo y fantasía; y objeto de decepción.

La ansiedad nos enferma, estamos tristes. ¿Qué nos depara el futuro? ¿Qué nos identifica, si nada permanece constante? ¿Es el cambio constante, la metamorfosis de nuestro entorno, lo que nos pone así de tristes? Es la pantalla en negro, el parlante con bluetooth, el celular que se reinicia. No sabemos.

 

Significado denotado, significado connotado y análisis de los procedimientos de los seis procedimientos de connotación.

Hablar puramente de lo denotado tiene una complicación, ya que según Barthes, “(…)la descripción de una foto de forma literal es imposible, pues “describir” consiste precisamente en añadir al mensaje denotado un sustituto o segundo mensaje, extraído de un código que es la lengua y que, a poco cuidado que uno se tome en ser exacto, constituye fatalmente una connotación respecto al mensaje analógico de la fotografía (…)”. Dicho esto, intentando ser objetiva, puedo decir que lo denotado en mis fotos son una chica y un chico, de aproximadamente 20 años de edad, posando para mi cámara. 

El significado connotado tiene que ver con la idea narrativa en gran medida, pero se enfoca sobre todo en la confusión y el cansancio de las miradas (en la foto en que hay dos personajes), así como el desafío y un elemento sexual (en ambas).

Sobre el trucaje en esta foto, puedo decir que las luces y los colores fueron realzados y alterados, para agregar a una sensación de oscuridad fluorescente, de vida nocturna y de pantallas brillantes.

Las poses quisieron ser naturales; la idea era una auto representación. Las caras, las manos, las bocas, son las suyas, las de los personajes de la idea narrativa, y exteriorizan lo el mismo fenómeno del que nos quejamos: ser visto, estar bajo la lupa, brillar con las pantallas.

El objeto que se presenta (un encendedor) también se relaciona con el universo de la idea. Es eso que se rompe fácil, además arde y se extingue con rapidez.

La iluminación empleada, la elección del vestuario y los fondos, conforman una fotogenia y una estética de VHS, de imagen digital y tridimensional. El rojo y el cian vibrantes son muy propios de lo electrónico. Son dos colores que se ven demasiado saturados en la paleta del Paint. Son frío y calor, aunque en la práctica se ven igual de abrumadores.

Con ambas imágenes, quiero crear un nexo difícil, que para mí consiste en lo que pienso de mí, y lo que otro piensa de mí. O cómo soy cuando nadie me ve, y cómo soy con otro. La pregunta es si sigo siendo yo, si tengo el mismo brillo en los ojos, o si tengo que apagarlo. Si el otro me acompaña en mi crisis, o si la transito solx. 

 

Estilo

En ambas imágenes se utilizó luz coloreada (cian y magenta) y se agregó una linterna de luz blanca en la imagen en que hay dos personajes. Fueron modificadas las curvas RGB, el contraste, el matiz (llevado de magenta a verde) y la saturación, Adjunto referencias de estilo en la carpeta de proceso.

Valores Técnicos

Imagen A (izquierda)

Panasonic Lumix G70, con lente Lumix G VARIO 12-60mm f3.5-5.6

Distancia focal: 32mm

Diafragma: 5

Velocidad de obturación: 1/50

ISO 1600

 

Imagen B (derecha)

Panasonic Lumix G70, con lente Lumix G VARIO 12-60mm f3.5-5.6

Distancia focal: 60mm

Diafragma: 5,6

Velocidad de obturación: 1/80

ISO 1600

Editadas con Adobe Photoshop 2017.

 

Pose-Objeto

trial three

 

Título

La violencia del vecino

Tema

Justicia y moral

Idea temática

¿Quién decide el castigo de quien comete un delito? ¿Quién castiga al que castiga?

Idea narrativa

El héroe de la doxa siempre estuvo en el límite entre la inmoralidad y la moralidad. El superhéroe resuelve la violencia con violencia. Del policía, mejor ni hablemos. La palabra “seguridad” está en boca de todos, como faltante, como problema, como solución. Hay, creo yo, una crisis. La desconfianza y la desilusión hacia los sistemas diseñados para protegernos (a humanos de otros humanos, y a éstos de nosotros) está formando nuevas figuras, nuevas conductas.

Policía y ladrón, ¿quién es el malo? ¿El médico de al lado que lo atropelló? ¿El policía que no lo agarró? ¿o el ladrón, que se lo merecía? Casos aislados, guerras civiles en miniatura, han ocurrido en el último año. Gente “común” que porta un arma, o un auto, o un palo, que se anima a linchar a un delincuente. Que se anima a matarlo. Se auto-conceden el poder judicial, justificando su mal obrar con el del otro.

Con esta retórica, que me resulta inquietante, podríamos generar una cadena infinita. Mandaríamos a matar al que mató a quien robó, o mató. Podríamos exterminar a toda la población, si castigáramos con este sistema tan pasado de moda (lex talionis). Quien comience la rueda de violencia podría condenar a toda la especie.

Menos mal que la mayoría de nosotros entiende que no es glamoroso ensuciarse las manos con venganza. Por suerte para el común de la gente, las películas pueden darnos un poco de esta venganza, sin pagar las consecuencias. ¿Cuántas películas de mafiosos, criminales y superhéroes están basadas en la búsqueda de venganza? ¿Qué sabemos del personaje del asesino a sueldo? Dudo que conozcamos alguno en la vida real. Debemos sublimar este odio al ladrón, al asesino, al violador, en nuestras historias, porque lo que más tememos es convertirnos en lo mismo que ellos. Por algún lado, la presión tiene que salir.

¿Estaremos volviendo a un estado salvaje, donde la defensa del territorio y las posesiones equivale al derecho a matar, dejando salir esta presión de la manera más animal? ¿O tiene más que ver con un individualismo creciente, y esta desilusión hacia el sistema, hacia la democracia?

 

Estilo

La idea para la puesta en escena fue concebida de casualidad, un poco salida de un sueño, otro poco porque conocía a estos sujetos y sabía que se veían como yo quería, cuando se disfrazaban de justicieros/detectives/payasos. La intención desde un principio fue generar algo así como un póster de película de acción, inspirado en las de Quentin Tarantino. Las poses de ambos personajes, los vestuarios y el uso del color llaman a lo desopilante. Quise que fueran dos personajes, que se complementaran entre sí: uno estático, más serio; otro explosivo, con más humor. Traté de ubicarlos en planos separados, uno más adelantado que el otro, para crear una línea de acción diagonal (que finalmente no veo lograda). Existe un desequilibrio entre ambas mitades de la imagen, y sin embargo creo que hay igual peso en las dos: la mirada y la pose del sujeto de la izquierda me impactan tanto como el salto del de la derecha. Incluso es más llamativo el primero.

 

Valores Técnicos

Panasonic DMC Lumix G70. Lente LUMIX G VARIO 12-60/F3.5-5.6

f 3.9

ISO 400

1/500

Distancia focal 18 mm

 

Luz / espacio

Titulo

Titanio

Tema

La industria que se apaga.

Idea temática

El paso de un modelo industrial de trabajo a un modelo agrario.

Idea narrativa

La luz se apaga en el Centro Cultural Haroldo Conti, donde fue tomada la foto. No se sabe bien hace cuánto que las lámparas de la derecha están quemadas, pero sí se sabe que quizás nadie suba a cambiarlas. El techo parece un esqueleto, unas costillas. El interior de una ballena encallada en la playa. Es un espacio muy grande, un estómago que está vacío.

Cuelgan las luces, esperando su condena junto al sol que aún pasa a través de los vidrios, pero no aporta la calidez de siempre. ¿Dónde está la gente? ¿Dónde está la vida?. Este centro cultural una vez tuvo muerte, luego tuvo vida, y hoy parece estar en un limbo entre ambos estados; quedan pocos empleados, que no logran llenar ese vacío inmenso. Donde había trabajo, hoy hay silencio.

Con el cierre de fábricas, con una nueva visión sobre lo que significa el empleo, algo se muere. Donde antes había grandes espacios de producción, hoy pueden empezar a construirse edificios de oficinas. De a poco, los galpones con ventanas rotas, vandalizados, se abandonan. Hasta la persona que se mete buscando un techo bajo el cual dormir, sabe que ese espacio pronto no existirá más, y que no puede quedarse.

Hay algo irreversible en la demolición y en la desaparición de una construcción diseñada para un fin que ya no se estima importante. Los cimientos no son los únicos que ya no volverán. Una persona pasa caminando frente a un baldío. “-Acá solía pasar los días”. Pero ya no hay acá. La persona se pregunta si alguna vez existió ese acá.

El Titanio es un metal duro que sirve para reemplazar huesos rotos. Destruir, demoler, vaciar, es romper huesos, es romper vidas. No se recicla, no se reconstruye, sólo se desaparece. De esa lenta desaparición me hablan estas luces, este espacio. De la melancolía de una luz del sol azul.

 

Estilo

El color azul de la atmósfera se da por la presencia de la luz blanca. Esta luz suele generar una sensación de impersonalidad, como en los hospitales, los locutorios, en las estaciones de tren. La simetría es calculo, es precisión, números, y, en este caso, frialdad. La curva azul fue realzada vía Photoshop, al igual que el contraste y la nitidez. Por otro lado, la decisión de omitir el piso en el encuadre tiene que ver con que los espacios no suelen estar vacíos si uno apunta al piso; los techos, en cambio, nunca van a tener personas caminando, solo luces.

Valores técnicos

Panasonic Lumix DMC G70, mirrorless. Lente LUMIX G VARIO 12-60/F3.5-5.6

f 4.1

ISO 800

1/160

Distancia focal 20 mm

 

IMG_1224